El Síndrome de Boca Ardiente se caracteriza por dolor, ardor, escozor o picor generalizados en la cavidad bucal, así como  trastornos del gusto y problemas de saliva y es relativamente frecuente;  se calcula que el 7% de la población europea lo padece.   La lengua que es un músculo cubierto de una mucosa de gran sensibilidad dotada de muchas terminaciones nerviosas y muy vascularizada cuando genera movimientos liberadores de tensión, puede desencadenar el síndrome de boca ardiente.   El ardor crónico de la lengua y los labios, denominado síndrome de boca ardiente, es más frecuente en la mujer mayor de más de 60 años y tras la menopausia. Entre sus causas es común la irritación de los tejidos por parafunción (rozamiento con fricción) de la lengua y los labios contra los dientes para liberar estrés. Coadyuva la falta de saliva por la ingesta de fármacos u otras causas. En su tratamiento hay que controlar desórdenes generales o infecciones y adiestrar al paciente en ejercicios y masajes para relajarse y relajar los músculos de la lengua. La saliva favorece los movimientos suaves de la lengua dentro de la boca. Cuando no existe saliva o se reduce por ingesta de psicotropos, ansiolíticos, etc. se dificulta la fricción de la lengua provocando dolor y/o escozor. Un incremento de dopamina puede provocar movimientos inconscientes y continuados de la lengua por estrés, lo que, a la larga, produce inflamación de los tejidos que se encuentran por debajo de la mucosa y esta inflamación produce el ardor; cuanto más nos arde la lengua, más parafunción hacemos (más movimientos, más fricción) y más ardor tenemos; se establece una especie de círculo vicio ¿movemos la lengua porque nos escuece o nos escuece porque la movemos?  A la hora de diagnosticar este síndrome habrá que determinar que se deba únicamente a una parafunción liberadora de estrés por tensión emocional y descartar que no haya problemas neurológicos generales provocados por una alteración del sistema nervioso central. Tratamiento: El primer paso es que el paciente sea consciente de sus parafunciones, de lo que hace, cuándo, cómo y dónde lo hace. Si hay un desorden psíquico, neurológico o sistémico habrá que ajustarlo al paciente.  Como medidas básicas conviene establecer una higiene básica: buena alimentación, ejercicio físico, utilizar técnicas de relajación así como dormir bien. Dejar los psicótropos, el tabaco y el alcohol, los colutorios dentales así como los chicles o caramelos. Como medidas específicas optar por  la supresión de irritantes ya que algunas prótesis dentales pueden rozar algunas zonas de la lengua y controlar la falta, en el caso de que se haya producido, de hierro, ácido fólico o vitamina B12. Controlar la parafunción, ya que si el paciente no deja de realizar movimientos contiuados el problema no terminar por desaparecer: técnicas de relajación para que controle su lengua y sea capaz de relajarla.

Se conoce como síndrome de boca ardiente y se caracteriza por dolor, ardor, escozor o picor generalizados en la cavidad bucal, así como trastornos del gusto y problemas de saliva. Se calcula que el 7% de la población europea lo padece.

La lengua que es un músculo cubierto de una mucosa de gran sensibilidad dotada de muchas terminaciones nerviosas y muy vascularizada, cuando genera movimientos liberadores de tensión, puede desencadenar el síndrome de boca ardiente.

El ardor crónico de la lengua y los labios, es más frecuente en la mujer mayor de más de 60 años y tras la menopausia.

¿Qué lo provoca?


Entre sus causas es común la irritación de los tejidos por parafunción (rozamiento con fricción) de la lengua y los labios contra los dientes para liberar estrés. Contribuye la falta de saliva por la ingesta de fármacos u otros motivos. En su tratamiento hay que controlar desórdenes generales o infecciones y adiestrar al paciente en ejercicios y masajes para relajarse y relajar los músculos de la lengua.

La saliva favorece los movimientos suaves de la lengua dentro de la boca. Cuando no existe saliva o se reduce por ingesta de psicotropos, ansiolíticos, etc. se dificulta la fricción de la lengua provocando dolor y/o escozor. Un incremento de dopamina puede provocar movimientos inconscientes y continuados de la lengua por estrés, lo que, a la larga, produce inflamación de los tejidos que se encuentran por debajo de la mucosa y esta inflamación produce el ardor; cuanto más nos arde la lengua, más parafunción hacemos (más movimientos, más fricción) y más ardor tenemos; se establece una especie de círculo vicioso ¿movemos la lengua porque nos escuece o nos escuece porque la movemos?

A la hora de diagnosticar este síndrome habrá que determinar que se deba únicamente a una parafunción liberadora de estrés por tensión emocional y descartar que no haya problemas neurológicos generales provocados por una alteración del sistema nervioso central.

Tratamiento:

El primer paso es que el paciente sea consciente de sus parafunciones, de lo que hace, cuándo, cómo y dónde lo hace.

Como medidas básicas conviene establecer una higiene básica: buena alimentación, ejercicio físico, utilizar técnicas de relajación así como dormir bien. Dejar los psicótropos, el tabaco y el alcohol, los colutorios dentales así como los chicles o caramelos.

Como medidas específicas optar por la supresión de irritantes ya que algunas prótesis dentales pueden rozar algunas zonas de la lengua y controlar la falta, en el caso de que se haya producido, de hierro, ácido fólico o vitamina B12. Para ello será indispensable un control y diagnóstico objetivo realizado por un profesional.

 

En caso de emergencias llamar al:        +34 985 13 13 43